¿Qué significa y qué implicaciones tiene la noción de América Latina en los diferentes países en los momentos que se proponen explorar?

¿Cómo se grafica América Latina?


Carla Machiavello propone imágenes de Juan Downey


Los mapas de Juan Downey entre 1976 y 1988 presentan una imagen de América Latina que retoma el cuestionamiento de los bordes y los centros de poder sugeridos por el mapa reorientado de Torres García, multiplicando sus puntos de vista y reconectando sus formas con otras historias y espacios. Si bien se podría decir que estos mapas ya no buscan una revolución o giro radical de la distribución del poder existente, siguen horadando los órdenes hegemónicos nor-atlánticos al intentar imaginar otras formas de comunicación y diálogo entre los continentes y las naciones dentro de ellos a partir de una crítica post e inclusive de-colonial.

Mientras el marco general continúa siendo la construcción de una América Latina separada de una América Sajona, la interacción entre ellas y su propia constitución son puestas en duda. Por un lado, en “World Map” de 1979, América de Sur no es una sola formación continental centralizada sino múltiples masas interconectadas en tránsito. De las líneas que sugieren ríos, pulmones de vida y un inicio sin naciones, van desdoblándose distintas versiones del Cono Sur marcadas por la emergencia de diferentes países. Sin embargo, éstos se encuentran ladeados, en desplazamiento, parte de una historia que sigue transformándose, cambiando de color y de forma, mientras sus bordes se vuelven inestables y se entrecruzan sus historias. América del Sur es una y sin embargo cada una de sus representaciones da cuenta de su propia otredad, de un movimiento circular y espiral en el tiempo y el espacio. En “Continental Drift” de 1988, la imagen de América Latina se reconecta con otros orígenes, más allá de las divisiones geopolíticas de los últimos 500 años. Su historia se remonta a una sola masa continental que fue moviéndose y separándose durante milenios y que, como lo sugieren las líneas curvas que emergen de ellas como ondas, siguen deambulando. El parentesco entre estas masas las conecta como sitios que quedaron marginados de una historia oficial, moderna, pero que se alzan ahora como un “sur global” que comparte una historia colonial.

“Un lugar es un ciclo de lugares”, decía Downey en las notas de viaje de su proyecto “Video Trans Americas”, sugiriendo que el mapa no es un sistema de inscripción fijo, sino variable, al igual que nuestros modos de orientación y puntos de referencia. Los mapas mencionados se insertan dentro de un proyecto artístico más amplio que buscaba reconectar los distintos pueblos de América por medio de la tecnología. A través de una serie de viajes se irían grabando en video diferentes comunidades, sus costumbres, vida cotidiana y paisajes, para ir mostrando en cada lugar visitado el material recolectado en una retroalimentación continua, dando cuenta de la pluralidad de puntos de vista producto del desplazamiento. Durante los trayectos el proyecto mismo fue alterando su forma, alimentándose de las circunstancias cambiantes (incluyendo las noticias del golpe de estado en Chile mientras Downey estaba en Nueva York, las protestas que el artista fue encontrando en distintas capitales de Sur América, los modos de vida indígenas que sugerían ritmos contrastados y entrelazados en un mismo lugar), pero persistió la idea de enfrentar miradas y crear un diálogo cruzado entre ellas a través del video. La fluidez de la imagen en video se corresponde en estos mapas con una red ahora conformada por energías invisibles, conexiones subterráneas y resistencias persistentes. En el mapa “Video Trans Americas” de 1976, América se vincula por medio de ondas que atraviesan el espacio generando una visión horizontal del continente en una pantalla de televisión gracias a la intervención del video. Ya no hay norte y sur, sino apenas este y oeste que conversan, una línea de horizonte que une de forma menos jerárquica varios espacios y una geografía móvil que sugiere una crítica a la creencia en la existencia absoluta de naciones, etnias y fronteras.